viernes, septiembre 01, 2006

Ballenas y Soberanía

Autora de este artículo: Bárbara Galletti, del Centro de Conservación Cetácea. Galletti también es miembro del Consejo Consultivo del Diputado Hales.

A continuación se presentan dos artículos:


1) “Ballenas, Estandarte de Soberanía Nacional” donde se presentan antecedentes históricos sobre la relación entre la soberanía de Chile y las ballenas, y su actual potencial para fortalecer al país en las negociaciones de alta mar.

2) “Ballenas como Herramienta para la Conservación y un Desarrollo Equitativo” donde se entrega una visión respecto del giro de la actividad ballenera hacia su utilización no letal y sus beneficios ambientales, económicos, sociales y educativos, que facilitan la conservación de los ecosistemas y promueven el resurgimiento de las comunidades costeras del país avanzando efectivamente hacia un desarrollo equitativo.

1) BALLENAS, ESTANDARTE DE SOBERANIA NACIONAL

Las interrelaciones entre las diversas especies de cetáceos y las comunidades costeras son de larga data en aguas del Pacífico Suroriental, en lo que hoy corresponde a la Zona Económica Exclusiva de la República de Chile. Existen registros históricos que evidencian el aprovechamiento de ejemplares varados por parte de comunidades indígenas del sur de Chile , así como también de actividades de caza costera en el litoral de la zona norte del país.

Ya para inicios del siglo XVIII las riquezas del Pacífico Sur fueron relatadas por Alejandro Humboldt quien afirmaba que éste reunía todas las circunstancias que facilitaban la pesca de ballenas debido a la abundancia de la vida marina, que ofrecía a los cetáceos una comida abundante . Posteriormente, los legendarios relatos del Capitán Cook sobre el número y prodigioso tamaño de las ballenas que se encuentran entre Tierra del Fuego y América Meridional despertaron el interés de balleneros ingleses, quienes en 1789 fueron los primeros en penetrar las aguas del Pacífico en busca de estos animales, regresando con un cargamento completo de aceite de ballena y demostrando la veracidad promisoria de los relatos de Cook .

La noticia sobre la abundancia de cetáceos en la región se expandió rápidamente y en 1792 se inicia la caza comercial de grandes cetáceos en aguas chilenas por parte de flotas norteamericanas, británicas y francesas, las cuales tuvieron como área de operaciones las aguas del Pacífico sur oriental desde el Cabo de Hornos hasta las Galápagos . El ciclo ballenero en el Pacífico Sur mantuvo una curva ascendente desde su inicio en 1792 hasta mediados del siglo XIX.

Para Chile, este periodo tuvo un importante significado político debido a que diversas fragatas extranjeras sirvieron a la causa independentista, distribuyendo propaganda revolucionaria a favor de la libertad política del país . Desde entonces, las ballenas han estado vinculadas a la consolidación de los derechos soberanos de Chile.

Hasta 1880, los cazadores de bandera extranjera fueron los únicos que se ocuparon de las ballenas del mar de Chile. A partir de ese año la caza de ballenas nacional se inicia de la mano de Juan Macaya, pescador portugués radicado en Talcahuano, cuya factoría se convertiría en la compañía más perdurable de la historia ballenera nacional. No fue sino hasta comienzos del siglo XX que capitalistas y comerciantes del sur del país se interesaron en desarrollar la industria ballenera nacional en las aguas del Pacífico austral y Antártica, la cual alcanzó su apogeo al final de la década de 1920. A partir de 1936 nuevas empresas nacionales se instalaron en la zona norte y centro de Chile, convirtiéndose rápidamente en las principales compañías balleneras hasta la década de 1960 .

A partir de mediados del siglo pasado, la historia de la ballenería en Chile jugaría nuevamente un rol fundamental en la defensa de la soberanía nacional. Luego de finalizada la segunda guerra mundial, el agotamiento de los recursos balleneros en aguas septentrionales y el desarrollo de nuevas tecnologías marítimas desplazó los intereses balleneros extranjeros hacia el hemisferio sur, impactando negativamente a las compañías balleneras nacionales que no podían competir con los modernos barcos factoría extranjeros los cuales operaban sin ninguna regulación en las aguas del Pacifico Suroriental. Este hecho impulsó al país a liderar una iniciativa pionera que posteriormente se convertiría en el más grande aporte de Chile al Derecho Marítimo Internacional: la Declaración Oficial del Presidente Gabriel González Videla, sobre la Tesis de las 200 Millas Marinas del 23 de Junio de 1947. En ella, el Gobierno de Chile proclamó la soberanía sobre los mares adyacentes y sus costas hasta una distancia de 200 millas con el fin de proteger, conservar y aprovechar sus recursos y riquezas naturales, con el objeto de impedir que fuesen explotadas en perjuicio de los habitantes de Chile y mermadas o destruidas en detrimento del país y del Continente americano .

Posteriormente Chile, Ecuador y Perú reforzaron la Tesis de las 200 Millas Marinas mediante la Declaración de Santiago sobre Zona Marítima de 1952, suscrita durante la Primera Conferencia sobre Conservación y Explotación de las Riquezas Marítimas del Pacífico Sur. En ella los países involucrados proclamaron su soberanía y jurisdicción exclusivas sobre el mar que baña sus costas hasta una distancia mínima de 200 millas marinas desde las referidas costas, con el fin de impedir que una explotación irracional de los recursos marinos pusiera en peligro la existencia, integridad y conservación de esas riquezas en perjuicio de los pueblos que poseen en sus mares fuentes insustituibles de subsistencia y de recursos económicos que les son vitales .

Treinta años más tarde, el establecimiento de la Zona Económica Exclusiva promovida inicialmente por Chile y originada en la necesidad de proteger y conservar el recurso ballena junto a los demás recursos marinos del Pacifico Suroriental, se convertiría en uno de los pilares del derecho marítimo internacional al ser reconocido por la Convención de las Naciones Unidas Sobre Océanos y el Derecho del Mar.

Desde entonces, Chile ha mantenido y fortalecido un compromiso de conservación de las poblaciones de cetáceos, jugando un rol fundamental en la adopción de medidas internacionales como el establecimiento del Santuario Ballenero Austral aprobado por la Comisión Ballenera Internacional en 1994 y promoviendo la protección de los cetáceos en aguas nacionales, mediante una veda extractiva por un periodo de 30 años y la reciente Declaración de Buenos Aires en Noviembre de 2005 .

La gran diversidad de cetáceos presentes en aguas chilenas y sus potencialidades para el desarrollo de actividades de uso no letal, unido a la tradición histórica del país en materia de conservación de las poblaciones de ballenas, justifica plenamente la consolidación de una Política Nacional de Conservación de Cetáceos y sus Ecosistemas, que represente íntegramente los intereses nacionales y promueva el derecho soberano del país de utilizar el recurso ballena mediante metodologías no letales.

Por otra parte, diversas convenciones internacionales refuerzan mecanismos para la conservación y utilización no letal de los cetáceos, como por ejemplo:

Durante la VII Conferencia de las Partes del Convenio sobre Diversidad Biológica (CBD/COP7) los países acordaron adoptar los “Principios y Directrices de Addis Abeba para la Utilización Sostenible de la Diversidad Biológica ”, donde se establece entre otros que el término “uso” se aplica tanto al uso consuntivo como no consuntivo y que las políticas nacionales e internacionales deben tomar en cuenta los valores intrínsecos y otros valores no económicos de la diversidad biológica.

Bajo la Convención Sobre el Derecho del Mar (CONVEMAR), los Estados Parte mantienen un compromiso internacional de protección, tanto dentro como fuera de la ZEE, hacia las poblaciones de especies altamente migratorias que se encuentran en peligro . Adicionalmente, se establece que los estados pueden prohibir, limitar o reglamentar la explotación de los mamíferos marinos en forma más estricta e incluso se extienden estas provisiones a la conservación y administración de los mamíferos marinos en alta mar .

Por otra parte, la Convención sobre Especies Migratorias (CMS) establece medidas de conservación y protección para aquellas especies que se encuentran en el Apéndice I (en peligro), incluyendo la prohibición de sacar estas especies de su ambiente natural. Al respecto la Convención establece que los Estados Parte se esforzarán por conservar los hábitats importantes para las especies incluidas en el Apéndice I y procurarán prevenir los factores que ponen en peligro o implican riesgo de poner en peligro a estas especies.

En la actualidad, la discusión sobre los recursos pesqueros en aguas de alta mar aumenta y Chile, como importante nación marítima, podría posicionarse nuevamente a la vanguardia de las políticas internacionales, donde las ballenas podrían jugar nuevamente un rol fundamental como estandarte de soberanía, ahora hacia aguas internacionales. Su estrecha relación histórica con el país y su soberanía, el aprecio de la ciudadanía chilena hacia estos gentiles gigantes, su potencial para el desarrollo sustentable y equitativo a través de su utilización no letal, y los mecanismos legales internacionales existentes para asegurar su conservación, convierten a la ballena en una oportunidad para el país de velar por los derechos de su pueblo a utilizar y conservar su patrimonio natural marino y otros recursos pesqueros en alta mar.

En este sentido, es necesario que Chile consolide una política nacional fuertemente comprometida con la conservación y uso no letal de los cetáceos dentro de la ZEE y, como acérrimo defensor de ello, vuelque sus esfuerzos de conservación de cetáceos hacia alta mar, puerta de entrada para abordar otros recursos en la cuenca del Pacífico Sur.


2) BALLENAS COMO HERRAMIENTA PARA LA CONSERVACIÓN Y UN DESARROLLO EQUITATIVO

Con más de 4.000 km de litoral y una gran biodiversidad marina, Chile cuenta con un enorme potencial y gran atractivo turístico para posicionarse como un destino emergente ante la creciente demanda mundial por actividades de ecoturismo marino.

El desarrollo turístico planificado e implementado adecuadamente, puede ser una alternativa económica sostenible al igual que una estrategia eficaz de conservación. Dentro de este concepto es que podemos hablar del ecoturismo, uno de los nichos de mayor crecimiento en la industria del turismo y una importante herramienta de desarrollo sustentable.

Basado en la apreciación de la naturaleza, la conservación de la fauna y flora y el respeto a las culturas locales, el ecoturismo se define como un turismo responsable que: involucra directamente a las comunidades locales en su desarrollo, promueve la conservación de la naturaleza y las tradiciones culturales de la comunidad; educa a los visitantes sobre las especies silvestres que habitan el lugar; mejora el nivel educativo y socioeconómico de las comunidades que lo realizan; y brinda una plataforma para el desarrollo de investigaciones científicas que permitan monitorear el estado del ecosistema marino. Así, el ecoturismo se distingue del turismo de naturaleza por su énfasis en la activa participación de la comunidad, la conservación, la educación y la responsabilidad del viajero.

Las medidas adoptadas por la Comisión Ballenera Internacional (CBI) a finales de la década de los setenta y principios de los ochenta, como la implementación de una moratoria internacional sobre la caza comercial de ballenas, brindaron nuevas alternativas de desarrollo económico del recurso ballena a través de su utilización mediante metodologías no letales, como es la observación responsable y regulada de estos grandes cetáceos.

Durante el mismo período, el Turismo Regulado de Observación de Cetáceos inició una acelerada expansión a nivel mundial que ha permitido el crecimiento económico de las comunidades costeras que lo desarrollan, beneficiando directamente a los pobladores de dichos lugares.

Enmarcado dentro del concepto de ecoturismo, el Turismo Regulado de Observación de Cetáceos se perfila como una de las actividades turísticas más rentables. En 1998, más de 9 millones de viajeros visitaron 87 países con el fin de observar ballenas y delfines, generando ganancias por más de un billón de dólares. Desde entonces, las cifras continúan aumentado a un ritmo acelerado.

Esta alternativa de utilización no letal de los cetáceos constituye un ejemplo responsable de conservación y manejo de nuestro patrimonio natural marino, y reemplaza la caza de ballenas que casi priva a las generaciones actuales y futuras de su presencia, por una actividad sustentable a largo plazo.

3 Comentarios:

A la/s 5:50 p. m., Blogger Javier dijo...

Super interesante.

No tenía idea que fue aporte chileno lo de las 200 millas marinas. Me imaginaba que el objetivo era evitar que vinieran otros a depredar tus costas y tu las de ellos, pero no sabía nada sobre la historia y los acontecimientos de la época que la originaron.

saludos

Javier

 
A la/s 12:58 p. m., Anonymous Anónimo dijo...

¿por qué Bárbara no dialoga con sus comentaristas ?y me pregunto ¿por qué sus aliados de preservación cetácea no aprovechan este blog para abrir relaciones en el campo de la defensa?
Cuidado con los círculos cerrados.
Patricio Hales

 
A la/s 11:46 a. m., Blogger Unknown dijo...

A quien le interese la preservación de las ballenas, el 15/11 Japón zarpó con sus flotas a cazar casi 1000 ballenas. Greenpeace abrió un portal para que se sugieran y se voten ideas para la campaña para evitarlo. Es una buena oportunidad de participar!
http://whales.greenpeace.org/espanol

 

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